Buceando por las procelosas aguas de internet, me encuentro una curiosa entrada sobre un escritor, Morgan Robertson, que en 1898 publicó una historia corta, Futility or the Wrek of the Titan en la que relata como el barco más grande jamás construido, prácticamente imposible de hundir, lujoso como ninguno y con insuficientes botes salvavidas se hunde al chocar con un iceberg.

Inmediatamente se le relaciona con el famoso Titanic. ¿Casualidad, serendipia? Eso más bien se lo dejo a Iker para su programa. Lo que realmente me ha horrorizado ha sido buscar un poco sobre el libro en internet y encontrarme con las hordas Hoygan hablando de lo guapos que estaban Leonardo di Caprio y Kate Winslet y ¡que es una lástima que estas personas murieran con lo que se querían! Pero ojo, no algo figurado ¡que de verdad hay quien cree que estos personajes existieron en realidad! Para ellos va dirigido el siguiente ejemplo, empezando por los más fáciles y aumentando progresivamente la complejidad:

Realidad: Ha pasado de verdad. Punto por punto. Seguramente no encuentres nada “real” en el videoclub de tu barrio, pero oye, hay una cosas por ahí que se llaman documentales ¡y los hay de más cosas a parte de los leones del Serengeti!.

Ficción: Esto es trola tras trola. Aunque te resulte difícil de aceptar, esa muchachilla fea de clase y el heavy melenudo del fondo no son orcos disfrazados. Es más, lo del Señor de los Anillos es todo inventado. Espeluznante, ¿verdad? Tampoco podemos fiarnos de lo que esté escrito. Disponemos de bastante ficción en forma de libros (cuyos orígenes podríamos ubicar en toda obra que se autodefina como texto sagrado) y, ¡tócate las narices! ¡que hasta lo que dicen en la tele suele tener más de ficción que de realidad! En la radio, aunque se acabaron los seriales, siguen mostrándonos grandes dosis de imaginación al escuchar la Ser y la Cope. ¡Hasta los periódicos hoy día se inventan parte de las noticias!

Basado en hechos reales: Aquí la cosa se complica. Algo ocurrió, sí, pero ni tiene que ser exáctamente como cuenta la película, ni siquiera parecerse lo más mínimo. Siguiendo con el ejemplo del Titanic, efectivamente hubo un barco enorme que se hundió provocando la muerte de unas 1500 personas. Si bien, no está demostrado que un antepasado de Leonardo di Caprio y de Kate Winslet viajaran a bordo. Y, aunque la leyenda popular dice que en los cruceros se liga mucho, creer que existieron estos dos personajes concretos creo que puede indicar algún tipo de mal funcionamiento del cerebro, ¿no crees?

Otros ejemplos basados en hechos reales:

El Cid. Don Rodrigo Díaz de Vivar sí que existió. La diferencia fundamental con la película de Charlton Heston es que el personaje histórico no debía medir más de medio metro, espaldas de otro metro y medio al menos y “mu mala leche”. Dejémonos de tonterías, el en siglo XI triunfaba el más bestia y este tipo manejaba a una mano una espadita que dicen las malas lenguas que hoy en día necesita de dos tiarracos bastante fuertes para que la levanten. Es “vox populi” que tenía bastante mal trato con el personal y su idea de “justicia y proporcionalidad” no creo que casara con los cánones de hoy en día. Por decirlo de forma suave, vamos.

Caso similar es el de William Wallace. Lo siento chicas, el protagonista real de Braveheart no es Mel Gibson. Seguramente sería un tipo estilo tonelete, bestia como pocos y con una mujer gorda y malhumorada. Solo hay que verle la cara. Un amigo me comentó que esta sencilla apreciación, puesta en boca de un profesor, causó las lágrimas desconsoladas de una compañera suya de clase (en 4º o 5º de Filología, no creais que hablamos de colegio o instituto) que pretendía hacer su trabajo final de la asignatura sobre este personaje histórico

Y no me critiquen, que estos personajes históricos merecen todo mi respeto. Ejemplos de valentía y perseverancia. Lástima que finalmente sean recordados por las nuevas generaciones por “estar buenos”. Manda narices.

[Bola extra: Me ha encantado la tira de hoy de Geek in Love]