Que se lo digan al pobre Bermejo, que ha tenido que gastarse 250.000 eurillos en arreglar el piso que acababa de dejar nuestra querida exministra de vivienda, la Truji. Me la imagino haciendo botellón, con gente super-chunga-osea-telojuro, pintando graffitis en las paredes, rompiendo los muebles, molestando a los vecinos con el reggaeton a toda mecha… que mal… Con lo formalita que parecía.

Al menos el ministro de Justicia cuenta con el apoyo de los españolitos, aunque sea para pagar la factura de la reforma al Corte Inglés, que es para lo único que siempre se acuerdan de nosotros. Porque oye, puede que nuestro ministro dure allí dos meses, pero tampoco va a estar a disgusto el chiquillo. Y la mudanza dicen ha sido por motivos de seguridad. No quiero ni pensar el lamentable estado de su anterior casa. Tendría que dormir por la noche con miedo de que se le derrumbara el techo encima.

Ahora le deben estar lloviendo las ofertas de trabajo a María Antonia de promotores que quieren echar a los inquilinos de sus fincas. Y es hoy en día está difícil hasta encontrar vecinos chungos.

Ya un poco más en serio. ¡A dos meses de las elecciones! Parece que en este país la clase política hace concursos ex-profeso para ver quien tiene más poca vergüenza o es más torpe, que todavía no me termina de quedar claro. Propongo la instalación de placas en todos los edificios públicos con el siguiente lema:

La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino además parecerlo.

Y ya que estamos metidos en reformas, en todos los despachos un cuadrito: fondo blanco, borde negro, y en el centro, como en los paquetes de tabaco… “Atención: dimitir NO mata”.