Libros de texto

Llevo un montón de tiempo con esta entrada en el tintero. De hecho desde que apareció la noticia en Diario de Cádiz sobre la gratuidad de los libros de texto durante el curso 2007-2008. Como hoy precisamente estamos de vuelta al cole, con la consabida noticia recursiva en los telediarios, rescato el texto.

¿Libros gratis dice? Ahí pone bien claro que los libros salen por unos 70 millones de euros. ¿No los paga nadie? ¡Ah! ¡Sí! Que en vez de pagarlo directamente los padres, los paga la Junta de Andalucía. Entonces, ¿por qué siempre llaman a esta iniciativa “libros gratis”? Siempre que escucho este término de “libros gratis” me viene a la cabeza la imagen de una gentil editorial repartiendo cajas de libros en los colegios a coste cero. A nadie se le ocurre semejante opción, ¿verdad?

¿Y por qué se emperra el gobierno en mantener el negocio que supone la venta de estos libros? ¿Tanto poder tienen las grandes editoriales? (Es una pregunta retórica, obviamente). Ya no es sólo que te obliguen a comprar un libro concreto, ¡es que te lo cambian cada dos o tres años! Ya no se puede ni aprovechar el dichoso libro de un hermano a otro.

Y digo yo, si de verdad hay intención de proporcionar libros gratuitos, ¿por qué no se empieza por elaborar un temario libre? La Consejería o Ministerio de turno contrata a determinados profesionales, elabora los textos y los pone a disposición de toda la sociedad. Las editoriales seguirán teniendo su pequeña porción del pastel ofreciendo distintas versiones del mismo texto: ediciones a todo color, encuadernación de lujo, páginas platificadas, cualquier cosa que se les pueda ocurrir con tal de seguir vendiendo. Sin embargo, siempre nos quedará la posibilidad de imprimir los temas poco a poco en casa, comprar una versión “económica” en la copistería de la esquina, hacer fotocopias y encuadernarlas… etc. Y tampoco habría que cambiar los textos cada poco tiempo.

Se podrían montar plataformas para la actualización de contenido, en el que los profesores de todo el pais colaboraran para añadir o modificar el temario, junto con los mecanismos de control oportunos (¿una especie de Wikipedia quizás?). Podríamos tener foros de alumnos comentando y trabajando sobre el mismo texto, recomendando lecturas adicionales, elaborando ejercicios… ¡las posibilidades son inmensas! Y lo más importante, las herramientas están disponibles.

¿Y sin embargo que tenemos? El político de turno que se saca la foto, la editorial que sigue cobrando lo suyo año tras años y un montón de padres contentos porque dicen que “ahora los libros les salen gratis”. ¡Que pais!

En el peor de los casos, siempre existe una solución más efectiva que el “gratis y nuevos para todos”. En muchos paises se dan los libros a principio de curso. Si al terminar este se devuelven, con el desgaste correspondiente a un uso racional de los mismos, al año siguiente vuelve a haber libros gratis. Si no es así y están en malas condiciones o no se devuelven, toca pagar al año siguiente. Tambien se fomentaría de esta forma cierto sentido de la responsabilidad para con el material que es dado en préstamo. Tocar el bolsillo de los papis suele ser bastante efectivo.