Hoy en día, que tenemos repletas las libretas de direcciones de correo electrónico de amigos, familiares, colegas profesionales, etc, es normal recibir al cabo del día mensajes que van destinados a un número significativo de personas. Para que nos vamos a engañar, la mayoría de mensajes recibidos se corresponden a cadenas de emails con mejor o menor gusto. ¡Qué gran daño ha hecho el forward indiscriminado!

Ante el volumen de correo recibido, nada mejor que disponer de una serie de filtros que nos ordenen el correo en función de la temática de cada uno (trabajo, ocio, listas de correo, publicidad deseada, spam :-S). Solventado este punto, quedan varios aspectos de las cadenas de correo que me tocan especialmente la moral y que podríamos resumir de pasada como:

  • Las causas humanitarias, avisos de atentados, campañas diversas y demás correos “altruistas” sin fundamento ninguno. Tocan la fibra sensible del que lo recibe y aunque pueden ser fácilmente descartados sin más que hacer una simple búsqueda en google, no son sometidos a la menor criba por parte del receptor (¿y si es verdad?).
  • Los powerpoints “paratodo”. No entiendo como para mandar unas fotos con un texto se hace uso del powerpoint. Se ha extendido una barbaridad su uso para estos menesteres.
  • Mención especial requieren los powerpoints, cadenas asquerosas y repugnantes, que si no reenvías a 1853 contactos en 4,32 segundos hacen que te caiga una maceta cuando estes paseando por la calle. Si al menos fueran graciosos… pero créeme, el tantra tibetano de la libélula proxeneta que ha dado la vuelta al mundo catorce veces desde 1814… como que no me interesa mucho ;-)
  • Los ficheros Word. Alucino como hay gente que manda un simple chiste ¡en un documento Word adjunto! ¿No es más fácil incluir el texto directamente en el cuerpo del mensaje?
  • Los que más “cantan”, a propósito del tema de este post, y más odio me producen son los que instan a mandar un email a todos tus contactos, incluyendo determinada dirección de correo, so promesa de obtener un bonito gadget, dinero, fama, sexo, un yate… El caso es que esa cuenta de correo tiene garantizado obtener una jugosa lista de direcciones válidas de correo a los que bombardear.

La casuística de correos molestos es inmensa, imposible de enumerar en su totalidad. Todos los que he comentado, pues bueno, pueden ser más o menos molestos (excepto el último caso, que implica una batalla perdida). En el caso en que nos moleste sobremanera, se habla con la persona implicada o se la filtra y punto, no hay mayor problema. Lo que me causa especial molestia (y os podeis dar casi todos por aludidos) es la gente que reenvía un correo (el forward de las narices) a toda su lista de correo y no oculta las direcciones ni borra las que ya pudieran venir incluidas en el correo.

Los correos electrónicos contienen varios campos, a saber:

  • Subject o asunto: ampliamente conocido.
  • TO o para: a quien va dirigido el correo. Tambien conocido por todos.
  • CC: Carbon Copy, o copia de carbón (¿Alguien a parte de mi ha usado estas hojas físicamente en las máquinas de escribir de toda la vida? Creo que me estoy haciendo viejo :-D). En este campo podemos especificar una lista de gente para que reciban una copia del correo. El resultado realmente es el mismo que añadir a varios destinatarios en el TO:
  • CCO: Copia de Carbón Oculta. A todos los efectos igual que la anterior, pero con la particularidad de que la dirección incluida en este campo recibe el correo pero no aparece en la lista de destinatarios.

Es posible (en casi todas las ocasiones) enviar correos exclusivamente a los destinatarios del campo CCO, de forma que ninguno de ellos conoce la dirección de los demás receptores, excepto la suya propia. Si se limpia el cuerpo del mensaje de las direcciones que pudieran venir arrastradas y se usa este campo nos aseguramos de que las direcciones que reciben el mismo no van a ser “capturadas” y utilizadas en ninguna lista de spam, phising y demás lindezas que nos proporciona la red a día de hoy.

¿Y todo esto a qué viene? A que acabo de leer un artículo titulado “Multa de 601 euros por no utilizar “Copia de Carbón Oculta” (CCO)” en el blog de Samuel Parra.