Fly like an eagle, famosa canción de Steve Miller y más famosa aún la versión de Seal para la película Space Jam; sí, esa en la que sale Michael Jordan junto a los Looney Tunes. Más o menos esa podía haber sido la descripción de mi sesión de gimnasio de esta tarde. Quizás tambien tenga que ver que había pillado la taquilla de número 23 ¡yo que se!

¿Cuanto tiempo hace que no os pegais una buena castaña? Sí, una de esas como las del colegio. Esas que veías a cámara lenta… :-) (de hecho, después de mi hazaña, me ha venido a la cabeza este post de Gonzo). Yo no se vosotros, pero yo de pequeño tenía todos los pantalones con sus correspondientes rodilleras y todas las rodillas con sus correspondientes postillas. Era entretenido rascárselas mientras veías Barrio Sésamo, justo después de acabar la merienda, pero dejemos los detalles escabrosos para otras páginas más gore…

Supongo que conocerán esas máquinas de correr super modernas de los gimnasios. Un montón de botones, control de velocidad, control de tracción, inclinación, peralte, simulador de lluvia, limpiaparabrisas ajustable, abs, cierre centralizado… ¡en fin! ¡de todo! Siempre tienen un curioso añadido, un imán con un cordelito. Si hombre, seguro que lo han visto. La idea es que cuando el imán se separa de la máquina, esta se para en seco. El problema es que hay que realizar un vínculo entre el corredor y el imán, es decir, un cordoncillo que se une con una pinza a la ropa. Claro, el cordón bailotea al ritmo de nuestras zancadas. ¿No os da grima el darle un manotazo y que se pare en seco la máquina? La leche puede ser de órdago. Bueno, que como iba diciendo ¡que hay que ponerse el cordoncito!

Pongamos un caso práctico. Digamos que estamos corriendo a una velocidad más o menos aceptable. Llevamos doce minutos y parece que aguantamos bien. El iPod dando caña, de hecho acaba de sonar el Hardrock Hallelujah de Lordi y hemos subido algo más el ritmo. Los sudores afloran. Menos mal que tenemos la toallita reglamentaria al lado. Es más dicen por ahí las malas lenguas que hay gimnasios en los que no te dejan entrar sin la toallita reglamentaria :-O Bueno, como no podemos modificar el ritmo de la zancada, cogemos la toalla y nos secamos como podemos, más bien de manera incómoda. Nos corta un poco el ritmo, lo que hace que nos cansemos un poco más, pero bueno ¡estamos hechos unos toros!. Volvemos a depositar la toalla donde la teníamos ¡ah no! ¡que tiene vida propia! ¡Mira que graciosa! Cual lombriz se escurre del lugar que le corresponde y cual perrillo faldero corre a juguetear a nuestros piececillos. ¡Leñe! ¡Que me tropiezo!

¡Plonk!

Claro, que del triple mortal con tirabuzón la máquina ni se entera. El imán sigue en su sitio… :-S Así que, mientras uno se intenta levantar como puede, esa cinta de goma le desolla aquellas lindas partes corporales que tiene a bien colocar sobre su superficie.

Puede darse el caso, si el tirabuzón ha sido realmente espectacular, que la corredora de su derecha, de tamaña impresión, quiera deleitar a la audiencia con otro pifostio de similar similar envergadura. Pero ¡ay amiga!, aqui uno es un profesional y las comparaciones siempre son odiosas. Realmente le puso interés, eso sí, tal y como todo el mundo ha calculado alguna vez, en el peor de los casos, me voy para atrás y ya tocaré el suelo. ¡Pequeñines! ¡Que olvidais el factor toalla! Si os la quereis pegar de verdad no os dejeis la toalla en casa, en serio.

Así que, hijos mios, poneos el cordoncillo, que la goma de la máquina rasca que es una barbaridad. Yo porque soy un profesional, pero un aprendiz de Jackass puede llegar a darse algún mal golpe en la cabeza, romperse un hueso… yo que se. Cuidadín con lo que intentas joven padawan. Este ha sido mi consejo de hoy.

P.D.: Lamentáblemente nadie ha sido capaz de grabar el glorioso acto, digno de convertirse en uno de los éxitos de youtube de la temporada. Afortunadamente, no hay degenerados grabando a muchachotes con perilla mientras sudan corriendo en el gimnasio ¡menos mal!
P.D.2: Lo que en otra época hubiera significado una amenaza de exclusión social sin precedentes, con cerca de treinta tacos se convierte en una pechá de reir impresionante. Sinceramente, he echado de menos alguna risa en la sala, en la que se ha quedado todo el mundo con los ojos como platos. ¿A quien no se le escapa una risotada tras ver que el implicado en el accidente no se ha hecho daño? :-D ¡Más alegría hombre!
P.D.3: Hoy iba a meterme con la popularización de las fiestas estas de halloween… pero ahora casi que podría disfrazarme de zombi para salir a la calle, ¿no? :-D Creo que mejor me quedo empezando a ver los capítulos de Prison Break… :-)