Este puente no me he muerto de hambre. Es más, creo que he tenido que engordar y todo (menuda pechá de comer :-D) El caso es que para no morir de inanición se hizo indispensable la visita de rigor a Carrefour el sábado (ahí, con todo el mogollón de gente, que no se diga) Realmente una tontería, porque una vez allí descubrí que hasta después de reyes los agradecidos trabajadores de Carrefour pueden disfrutar de nuestra compañía los domingos :-S.

A lo que vamos… ¿habeis ido últimamente a Carrefour? ¡Menudo acoso! No se que oscuros motivos les mueven (bueno… los supongo) pero ¡por narices te tienes que hacer la dichosa tarjeta! Tienen todo en centro comercial plagado de señoritas (¿donde está eso de la igualdad de género?), libreta en mano a la caza del potencial cliente de tarjeta. Y digo yo…:

  1. ¿No pueden ofrecértela a la entrada y luego dejarte tranquilo durante el resto de tiempo que dure tu compra? En una hora me la ofrecieron como 5 o 6 veces, la última ya la propia cajera cuando estaba pagando las compras.
  2. “No cuesta nada” es lo primero que te dicen en cuanto tienen oportunidad. ¿Como que no? Como mínimo me cuesta el tiempo que me entretengan, los datos que te tenga que dar y el quebradero de cabeza cuando la quiera dar de baja (así a bote pronto)
  3. ¿Qué me dais? No he dejado que me llegaran a explicar el montón de ventajas que tendrá la dichosa tarjetita, pero me atrevo a ejercer de “Pitonisa Lola” y suponer que te financiarán las compras a 3 meses sin interés y te rebajarán un par de céntimos a la hora de echar gasolina. Puede que incluso te den algún punto para canjear en cualquier promoción que se les ocurra.

Y todo eso ¿a qué precio? Para ellos es muy rentable. Tener nuestros datos personales relacionados con nuestros hábitos de consumo es un caramelito que haría babear a cualquier gerente de ventas. Mientras esperan a que se generalice el uso de los RFID (más información en kriptópolis) van tirando de tarjetas. Menuda base de datos que tienen que estar montando. ¿Cuanto dinero vale eso?

La mayoría de gente que conozco no tiene esto en cuenta. Es más, les trae sin cuidado. Pues yo lo siento, pero mis datos son sagrados. Posiblemente os vendería la posibilidad de usarlos, pero claro, eso os iba a costar bastante dinero.

Me recuerda este tema a la promoción de Movistar con la que te daban mil pesetas en llamadas por rellenar una completa hoja con nuestros datos personales. ¿Realmente valen tan poco nuestros datos?

La verdad es después de esta visita a Carrefour, creo que compro más cómodamente en Mercadona, Alcampo, Hipersol y derivados. Se me pasó por la cabeza hacer alguna camiseta en la que ponga “¡NO!” en grande y “No tengo la dichosa tarjeta, ni tampoco la quiero” justo debajo. No creo que la haga, pero ahí queda la idea por si alguien la “rescata” ;-)